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EDITORIAL
Fracking en
Colombia: el desarrollo no puede estar por encima del agua
Colombia enfrenta nuevamente
el debate sobre el futuro de los hidrocarburos no convencionales
y el uso del fracturamiento hidráulico, conocido como fracking.
En un país de extraordinaria riqueza hídrica y biodiversidad,
cualquier decisión sobre esta técnica debe partir de una
pregunta fundamental: ¿qué estamos dispuestos a arriesgar para
extraer combustibles que, por su propia naturaleza, son recursos
finitos?
El fracking utiliza agua a alta presión, junto con otros
materiales y aditivos, para fracturar formaciones rocosas y
facilitar la extracción de hidrocarburos. El Ministerio de
Ambiente ha advertido sobre riesgos potenciales para las fuentes
de agua, los suelos, el aire, la biodiversidad y las comunidades,
además del elevado consumo de agua y la generación de residuos.
No significa que cada proyecto de fracturamiento hidráulico
produzca inevitablemente una catástrofe ambiental. La evidencia
científica exige analizar cada operación según su geología,
tecnología, manejo de residuos, uso del agua y capacidad de
vigilancia. También existen estudios que señalan que la
sismicidad asociada directamente con el fracking suele ser de
baja magnitud, mientras que la inyección de grandes volúmenes de
aguas residuales puede representar un riesgo sísmico mayor.
Precisamente por esa incertidumbre, Colombia no debería tratar
el medio ambiente como un costo secundario del crecimiento
económico. El principio de precaución debe tener un lugar
central cuando están comprometidos acuíferos, ríos, tierras
agrícolas, ecosistemas estratégicos y la salud de las
comunidades.
El país ya conoce los conflictos que pueden surgir cuando la
actividad petrolera entra en territorios donde el agua
constituye el principal patrimonio colectivo. Una decisión
equivocada puede generar beneficios económicos inmediatos, pero
trasladar durante décadas los costos ambientales y sociales a
las generaciones futuras.
Además, Colombia necesita preguntarse si tiene sentido
profundizar su dependencia de combustibles fósiles mientras
busca avanzar hacia una transición energética. El debate no
debería reducirse a petróleo contra ambiente. También debe
incluir eficiencia energética, energías renovables,
investigación científica, empleo sostenible y protección de los
territorios.
La riqueza natural de Colombia no puede medirse únicamente en
barriles de petróleo o metros cúbicos de gas. También está en
sus páramos, ríos, bosques, humedales, acuíferos y tierras
productivas.

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Hay tantos
enemigos del bienestar de la nación, que nos quieren confundir

Por: Zahur
Klemath Zapata
zapatazahurk@gmail.com
Las experiencias que han vivido los colombianos por más de un
siglo sobre el mal trato que se le ha dado al país es una larga
historia. Hablar sobre ese maltrato es escribir un tratado sobre
vejaciones, atropellos y crímenes.
Hoy en día han salido a la luz las verdades de muchos hechos
atroces que no pasaron como se pensó, sino que fueron
orquestados por esos enemigos del país y que manejaban medios de
comunicación. La ignorancia del pueblo ha sido la perfecta
aliada de esas personas. Y aún siguen jugando en primera
división como si nada pasara.
La labor de los filósofos es abrir puertas y mostrar la
realidad. Trazar caminos y dejar que los buenos oficios de las
personas sanas, con la capacidad de la razonabilidad y visión
del futuro asuman la responsabilidad de guiar a quienes necesita
esa orientación. Porque hay mucho que con pocas palabras saben
cuál es el camino correcto.
La maldad en Colombia es grande, pero es mucho más fuerte la
sociedad que rechaza esos malévolos y se defiende para no
terminar absorbidos por esa aspiradora infernal. Eso es lo que
se ha logrado hacer durante décadas para salir adelante mientras
las corrientes adversas tocan a la puerta.
La historia real del asesinato de Gaitán no es como la
presentaron originalmente. Lo que sí es real es que este hecho
lo usaron para destruir la nación.
De tanto en tanto aparecen hechos que los presentan de una forma
y terminan al final tal como se maquinaron hacerlo ver. Falsos
positivos. Así podemos seguir y seguir hablando de hechos que no
fueron como la gente se imagina que pasó o se maquinó.
La historia de Colombia está plagada de mentiras y por eso es
que el país está como está. Los políticos han sido los
verdaderos maestros haciendo escuela y educando al pueblo para
que acepten sus enseñanzas.
Hoy por lo menos hay una sociedad medio educada, que lee y se
comunica por las redes y trasmite mensajes que recogen de gente
que dice cosas sin ningún respaldo verídico. Pero les creen y se
afilian a esas tendencias.
Ahora tu defines si eres un ser que sabe racionalizar
independientemente, o acepta lo que dice el predicador porque
está escrito y esa es la verdad infalible.

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MIS GANSOS
TRAUMATIZADOS
Crónica # 1452

Por: Gustavo Álvarez Gardeazábal
Audio:
https://www.youtube.com/watch?v=t4ULZ0KKK00
En mi infancia, mi madre no
permitía que tuviera mascotas. Pero como mi padre comprendió
bien las características de los Gardeazábal con que se
emparentó, sabía que la tendencia a ser animalero no se pierde,
se hereda. Y como en casa mandaba mamá y él no la iba a
contrariar, me regaló dos parejas de gansos para que los tuviera
en El Porce, hace por lo menos 75 años.
Hoy no sé cuántas docenas de gansos y patos tengo ni cuáles sean
descendientes de aquellas parejas primigenias, pero todas las
mañanas, cuando voy al corral a abrirles la puerta y verlos
pasar uno a uno armando alaraca, siento tanto gusto como el día
que papá me regaló los primeros.
Por estos días he tenido que ayudarles. El trauma que les ha
causado el terremoto, la demolición primero y después la
reconstrucción, los ha hecho perder el rumbo. Hay que arriar los
gansos para que atraviesen los patios de la finca y puedan
llegar al potrero donde pastan.
Pero es lógico, están viendo y oyendo una docena de obreros que
arrastran carretas, mueven mezcladoras, hacen estruendo con sus
soldaduras y, aunque todos los gansos tienen casi 320 grados de
visión, poseen memoria y capacidad para reconocer el peligro que
les acecha.
Por supuesto, como son tan agresivos, y hablo de dos centenares
de palmípedos por lo menos, tienen cómo asustar sin morder,
tratando de defenderse de todo lo extraño, en especial de los
seres humanos.
No me quedó más que ajustar horarios y largarlos antes de que la
turbamulta reconstructora llegue a sus labores, las que, por
costosas y angustiantes que me están resultando, no parecen
tener fin y se han prolongado hasta causarme tanto trauma y
malestares como a los bullosos gansos.
No sé cómo decirles a ellos que le aprendamos a los 19 gatos que
rápidamente encontraron refugio debajo de los plásticos que
recubren el amontonamiento de los chécheres, porque los felinos
entran a las habitaciones sobrevivientes y los gansos no suben a
las camas.
Octubre 08 del 2026.
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