|
|
LAS VOCES QUE ME ACOMPAÑARON LA VIDA

Por: Oscar Suarez
Memorias de un psicólogo que aprendió a escuchar
He
dedicado buena parte de mi vida profesional a escuchar a las personas.
He escuchado a adolescentes que no sabían cómo expresar lo que sentían
en el colegio politécnico de Palmira, a enfermos terminales en la
clínica del seguro social de Palmira, a familias enfrentadas por
conflictos que parecían imposibles de resolver en la comisaria de
familia de Palmira, a personas que habían tocado fondo y a otras que
buscaban una oportunidad para comenzar de nuevo en la penitenciaría
nacional de Palmira.

También
he escrito nueve libros. Se encuentran en diez países de Latinoamérica
Pero hay algo que ningún libro me ha enseñado de la misma manera que la
vida: que escuchar al ser humano exige mucho más que oír sus palabras.
Hay que escuchar sus silencios.
Sus contradicciones.
Sus
miedos.
|
|
Lo que dice y también aquello que
todavía no puede decir.
Por eso, cuando pienso en el alcohólico que permanece sentado en una
reunión mientras otro compañero habla, no pienso que está simplemente
esperando su turno.
Pienso que posiblemente está haciendo un trabajo interior.
Quizá está recordando.
Quizá está comparando.
Quizá está llorando por dentro.
Quizá está encontrando una respuesta.
Quizá está luchando contra el deseo de beber.
Quizá está descubriendo que no está solo.
O quizá, simplemente, está tratando de llegar sobrio al día siguiente.
Y eso también merece respeto.
Porque algunas veces la recuperación no comienza con una gran decisión.
Comienza con algo mucho más pequeño.
Sentarse.
Guardar silencio.
Y escuchar.
Escuchar a otro alcohólico puede ser escuchar una parte de la propia
historia.
Puede ser reconocer una herida que permanecía escondida.
Puede ser encontrar una palabra para aquello que no se sabía nombrar.
Puede ser recordar por qué se llegó.
Puede ser descubrir que todavía existe esperanza.
Y en determinadas noches, cuando todo parece demasiado difícil, puede
ser sencillamente la razón por la cual alguien decide no tomar el primer
trago.
Después de tantos años de profesión y de tantos años observando de cerca
el fenómeno de las adicciones, sigo creyendo que hay momentos en los que
una palabra puede ayudar.
Pero también sigo creyendo que hay momentos en los que el silencio de
alguien que escucha puede decir mucho más.
Porque escuchar no es estar vacío.
Escuchar es abrir un espacio.
|
|
Y algunas
vidas comienzan a cambiar precisamente cuando encuentran un espacio
donde, por primera vez en mucho tiempo, alguien no les exige que
demuestren nada.
Solo les permite estar allí.
Y escuchar.
Estatuto Antiterrorista: una apuesta que
debe traducirse en seguridad

Por: Carlos Alberto Morales
El
Gobierno Nacional presenta el Estatuto Antiterrorista como una de sus
grandes apuestas en materia de seguridad, en un momento en que Colombia
enfrenta nuevas y preocupantes formas de violencia. El uso de drones,
los ataques contra la Fuerza Pública, la capacidad de los grupos armados
para utilizar tecnologías de origen comercial y las acciones que afectan
directamente a la población civil demuestran que el terrorismo ya no
puede enfrentarse únicamente con las herramientas del pasado.

Pero un
nuevo estatuto no puede convertirse simplemente en un conjunto de normas
más severas. Colombia necesita que las leyes tengan capacidad real para
anticiparse al delito, perseguir a quienes financian y ejecutan actos
terroristas y, sobre todo, proteger a los ciudadanos. La seguridad debe
ir acompañada de inteligencia, tecnología, justicia eficaz y
coordinación entre las instituciones.
El país necesita recuperar la tranquilidad sin renunciar al Estado de
derecho. La lucha contra el terrorismo debe ser contundente, pero
también respetuosa de la Constitución y de las libertades ciudadanas. El
verdadero éxito de este Estatuto Antiterrorista no estará en el número
de artículos aprobados, sino en su capacidad para impedir ataques,
desarticular organizaciones criminales y devolverle a los colombianos
algo que hoy reclaman con urgencia: el derecho a vivir sin miedo.
|
|